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martes, 5 de octubre de 2010

Exponen en San Lucas fotos de la Revolución

Escrito por Ángel Ramírez Ortuño

La muestra pretende llegar a los 113 municipios de Michoacán, dice funcionaria estatal

SAN LUCAS, MICH. Hasta el arrinconado municipio suriano de San Lucas arribó la mañana del lunes una exposición itinerante de 60 fotografías del acontecer revolucionario nacional, como una participación del gobierno del estado y de la Secretaría de Cultura, tal como lo expresó Eréndira Herrejón Rentería, funcionaria michoacana presente en esta ciudad para inaugurar de manera conjunta con el alcalde Servando Valle Maldonado la muestra fotográfica.
La exposición tiene como función visitar los 113 municipios del estado, agregó Herrejón, dado que de esta forma se manifiesta la voluntad de la Secretaría de Cultura por llevar a todo el pueblo una exposición itinerante que muestra fotografías cruciales de los tiempos de la Revolución captados por la lente, de tal forma que municipios como Nocupétaro y Carácuaro ya conocieron esta exposición.
Sobre la posibilidad de que Huetamo contara con este beneficio cultural, Herrejón señaló que todo dependería de la voluntad que mostrara la administración municipal, o en todo caso, podría ser una gestión de la Casa de la Cultura local, y reconoció que en realidad es una parte importante de todos los movimientos históricos de México, de tal forma que estarían pendientes de que las autoridades de este municipio solicitaran la presencia de la exposición.

lunes, 15 de junio de 2009

95 Años del sitio de Huetamo, Michoacán.

Otra pincelada más de historia calentana, gracias a las notas del despertar del sur...
-En 1914 se enfrentan los generales José Rentería y Cipriano Jaimes a Cheque Peña, que había tomado la ciudad.
-El enfrentamiento a balazos duró una semana; la sangre daba al tobillo, recordaba anciana de Chumbítaro.


José Rentería Luviano, liberó a Huetamo del sitio.

HUETAMO, MICH. El día de ayer, domingo 14 de junio del año 2009, de manera puntual se cumplieron 95 años de que Huetamo se convirtiera en una ciudad mártir, tras ser sitiada y bañada en sangre a lo largo de una semana, al ritmo de la metralla que vomitaba muerte y desolación por todos sus barrios: Cahuaro, Alto, Dolores, Pirinda, El Cuinique, El Toreo, El Terrero, Loma Linda y el centro.
Claro, de esta negra experiencia, hubo un judas traidor que participó en la tragedia. Se llamaba Ezequiel Peña, quien primero había sido un recto militar sanluquense, pero terminó vencido por el brillo del dinero y la traición, y la inocente víctima fue Huetamo, y de esa forma, con promesas de poder y riqueza, luego de convertirse en un tránsfuga de la revolución, Peña, convencido por Huerta sacrifica la ciudad.
Peña, originario de San Lucas, lo tenía todo: parque, municiones, cañones, caballos, rifles, dinero, soldados y el control total desde tiempo atrás de la guarnición militar de Huetamo, mientras tanto el general huetamense José Rentería Luviano merodeaba cerca, y tras lograr un acuerdo con el jefe máximo de las fuerzas armadas de Tierra Caliente, Gertrudis G. Sánchez, se acordó que con un cañonazo lanzado de las faldas del cerro de Tomatlán la madrugada del 14 de junio de 1914 se buscaría rescatar la ciudad.
Todo estaba listo, y en los cuatro puntos cardinales de Huetamo se colocaron las fuerzas militares que atacarían al mismo tiempo a Peña, de tal forma, señala con lujo de detalles el general y escritor huetamense Jesús Millán Nava, quien desde su cargo de secretario particular de Rentería Luviano, al igual que el coronel Salvador Alcaraz, y el general Cipriano Jaimes, nacido en Pungarabato, se lanzarán con todo por rescatar la heroica plaza de Huetamo.
Millán Nava, de quien por estos días se reedita su libro “Historia de la Revolución Maderista en Guerrero y Michoacán”, recuerda en sus páginas el fragor de la batalla, los atrincheramientos en Cahuaro, Barrio Alto, Cutzio, en El Cuinique, así como el temerario intento del entonces incipiente militar, Joaquín Amaro, quien encima de su caballo y a galope tendido rompió el sitio y cruzó la ciudad en medio de una lluvia de balas, pero que no logró otra cosa que encender los ánimos de la soldadesca.
Otro significativo detalle de ese sitio sangriento, es lo que sucedía en el kiosco del pueblo, dado que Peña, en su afán de animar a sus soldados, ordenó al director de la banda del pueblo que entonara variados temas, sin importar que las balas silbaran fatalistas sobre las cabezas de los músicos y atravesaban los instrumentos musicales, mientras que alrededor la caballada militar daba rienda suelta a sus instintos, mientras que un personaje tartamudo dueño de una portentosa puntería tumbaba cristianos desde la torre mayor del templo.
Nadie sabe a ciencia cierta las bajas que de un lado y otro dejó el sitio de Huetamo, pero se habla de miles de muertos, al grado que gentes longevas que vivieron esa epopeya recuerdan que los marranos salían de los arroyos con pedazos de pierna, brazos, manos e intestinos, en tanto que una anciana que logró superar la edad de los 100, nos comentó en Chumbítaro que hubo momentos en que “la sangre daba al tobillo”.
Varias víctimas de ese cruento sitio militar fueron los comerciantes extranjeros que vivían en la ciudad, que fueron utilizados por Cheque Peña como escudo humano en su espectacular huída rumbo a Tejupilco, y que tras lograr su objetivo, en aquella población del estado de México sería muerto por la propia gente que se llevó de Huetamo.
De esa forma, la crónica local recuerda ese suceso que enlutó a una ciudad y la marcó para siempre, aunque la historia, a veces cruel, hoy olvida el nombre de su máximo, militar, José Rentería Luviano, quien antes de caer prisionero en la Ciudad de México en 1925, decidió arrancarse la vida, mientras que poco tiempo después, sucede lo mismo con Cipriano Jaimes, el orgullo militar de Pungarabato, asesinado en Zitácuaro, también en forma extraña.
Por fortuna, para los grandes personajes de Tierra Caliente, el Sexto Coloquio de Cronistas y Escritores organizado por la Unidad Profesional (Unip) del Balsas, recordó a muchos de esos personajes que lucharon en la revolución de Guerrero y Michoacán, y tal como lo señaló allí un ponente: la raya de agua no puede impedir que seamos hermanos, de raza, de sangre y de cultura.
Fuente:
Despertardelsur.com