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viernes, 26 de agosto de 2011

Sobre los cielos azules de Tierra Caliente

Escrito por Ángel Ramírez Ortuño
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HUETAMO, MICH. En fecha reciente don Francisco Ayllón Luviano recordaba el festejo de sus bodas de oro con doña Estelita González, y un año antes también recordaba su cincuentenario de bodas don Fernando Cano Ochoa con doña María Antonia Ochoa, y en ambos casos la luna de miel empezó con un temerario vuelo en viejos aviones comerciales que prestaban sus servicios en la región de Tierra Caliente, y en la memoria de don Paco y don Fernando, las anécdotas sobre sucesos acontecidos sobre los cielos de Tierra Caliente son conmovedores, ya que van desde lo humorístico hasta lo trágico, donde varias vidas humanas de paisanos pagaron el tributo de utilizar ese medio de comunicación aéreo, en virtud de que no llegaban aún las carreteras, y solo quedaba irse con los arrieros en burro, bajar en barcos de madera por el Balsas o treparse a un avión con Sarabia, Panini, el capitán Anaya o el más intrépido y loco de todos ellos, el inmortal José Pepe Galicia.
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Desconocido estruendo
Y vaya que hay bastante material de donde cortar, desde que en Huetamo, como presagio de que algo raro pasaba sobre el cielo de Huetamo, de pronto un desconocido estruendo se escuchó debajo de las casas de teja y adobe de Huetamo, y en efecto, se trataba del primer avión que llegaba a éste pueblo escondido en las surianidades de Michoacán, junto al espejo de la serpiente plateada del Balsas, una excelente guía para pilotos extraviados, y enfrente el maravilloso Cerro de Dolores, con un rostro de Jesucristo esculpido sobre un enorme risco, y aunque usted no lo crea, por la madre naturaleza, por eso, cuando se asomó aquel avión tripulado por Mr. Fox y con José Rentería Luviano de copiloto, el pueblo corrió despavorido al templo a buscar refugio espiritual, mientras otros se metieron a la troja, debajo del tapanco y en los pozos de reata, la cosa era salvarse.
Aquella aeronave sacó de quicio al pueblo, sin que se lo propusiera la tripulación, sin embargo el mayor problema era donde diablos aterrizar, ya que Huetamo no contaba con un “patio” de avión, y aconsejado por el general Rentería, el piloto gringo enfiló su nave rumbo a Llano Grande, más allá de Tomatlán, y como pudo Fox realizó un aterrizaje forzoso que terminó con la nave averiada y con las aspas destruidas, pero los viajeros no sufrieron daño alguno, se comenta que era el año de 1921, sin precisarse la fecha, y que la persona responsable de reparar la nave fue el genio creador de don J. Trinidad Ugarte, quien sin que nadie lo pueda explicar, dotó de nuevas aspas construidas de alguna finísima madera de la región, y superó los problemas mecánicos, de tal modo que esa primera aeronave que sobrevoló Huetamo y aterrizó, logró regresar a sus hangares.
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Vuelo especial
Para finales de 1930, un atrabancado estudiante de contaduría, descendiente de la familia libanesa radicada en Huetamo de los Abraham Salgado, de nombre Juan, lograba hacer amistad con el afamado piloto comercial, Francisco Sarabia, un piloto norteño sobrado de valor y de inteligencia, que aceptó traer en vuelo especial hasta Huetamo a aquel joven de 18 años, y de esa forma se forjó una sólida amistad que hermanó al inmortal piloto Sarabia con Huetamo, y desde entonces incluyó a este pueblo en su ruta de vuelos comerciales, al grado de que logró convencer a su amigo Juan para que se comprara una avioneta, y de esa forma volara por su cuenta y de paso le entrara al negocio aeronáutico regional, y fue así como un día llegó volando a Huetamo Juan Abraham Salgado a bordo de la legendaria avioneta “La Mojarrita”, sin embargo, años después, Sarabia, al realizar el primer vuelo sin escalas entre México y New York, lograba su grandiosa hazaña, pero de regreso, lo invitaron para asistiera a la Casa Blanca, y al sobrevolar el río Potomac, junto al capitolio de Washington explotó el avión y ahí perdió la vida ese personaje que hoy es considerado como un héroe de la aviación mexicana.
Años más tarde, la pericia de Juan Abraham lo había hecho también famoso, y sobrevolaba los cielos de Huetamo rumbo a Morelia, a Zitácuaro, Zihuatanejo, Pungarabato y México, y lo mismo llevaba pasaje, que de regreso traía carga, ya fueran mercancías encargadas para surtir la tienda La Ciudad de Londres, que un cargamento de plantas de coco para su santuario ecológico del rancho de Tomatlán, donde aconsejado por el Gral. Cárdenas formó un paraíso tropical, sin embargo, también le daba por volar rumbo a Turitzio, donde desde el aire aventaba molotes de ropa sobre el corral de los toros para que su padre don Julián Abraham se mudara de ropa, y siguiera trabajando en el campo donde 60 juntas abrían los surcos para sembrar ajonjolí, el apreciado “tesoro verde” que permitió amasar cuantiosas fortunas a los inversionistas, y más allá, sobrevolaba Zirándaro donde iba a visitar a su prenda amada, doña Lupita Bermúdez, con quien se casaría y procrearía una hermosa familia.
Por los tiempos de los años cuarentas, una lucha fratricida entre simpatizantes políticos de Juan Andrew Almazán y Manuel Ávila Camacho, llevaron a Huetamo a convertirse en un campo de guerra entre hermanos de Zirándaro y Huetamo, de tal forma que sin remedio se enfrenaron ambos bandos y varios cuerpos quedaron inertes sobre el jardín de Huetamo, y tal como lo comenta don Paco Ayllón, quien apenas era un niño, fue testigo presencial de la masacre, y como el cabecilla principal rebelde de los almazanista era de Zirándaro, el gobierno federal no se tentó el corazón para enviar escuadrillas de aviones que lo buscaron por todos lados, sin embargo no lograron dar nunca con Efraín Pineda, que así se llamaba el valeroso zirandarense que se rebeló ante Cárdenas, pero que tiempo después, y con los aviones sobre Tierra Caliente, se logró un pacto de paz y se acabó el borlote, pero en Zirándaro había quedado muerto don Ángel Pineda y varios soldados compañeros de armas de Guerrero.
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Surgen aeropuertos
Para los años cincuentas, el servicio aéreo se multiplicó en Tierra Caliente, y sobre vejestorios aeronáuticos que había dejado la Segunda Guerra Mundial, el famoso Panini iba y venía de México a Huetamo, y a cualquier punto de la región del Balsas donde hubiera un pasajero, y surgieron los aeropuertos de Cutzio, en Huetamo, y el aterrizaje, allá en Arcelia, mientras que al pie del cerro de Chuperio se extendía la pista de Pungarabato, donde un buen día, para sorpresa general, de pronto apareció un gigantesco avión que se salió de su ruta comercial, en viaje de Colima a México y de pronto vio un claro y una pista , era la de Altamirano, y sobre ella realizó un aterrizaje de emergencia aquel avión repleto de periodistas y otras personalidades, entre ellos venía el jovencito, Jacobo Zabludowsky, quien cada vez que se acuerda de esa experiencia, señala que volvió a nacer en Tierra Caliente.
De las tragedias que enlutaron a la región, recuerda don Paco Ayllón, don Fernando Cano y don Antonio Callado, fue aquella en la que por 1948, tras despegar del aeropuerto de Balbuena en el Distrito Federal un avión comercial con destino a Huetamo, por desconocidas razones no logró superar el Pico del Fraile, en las inmediaciones de Naucalpan, y aquel pájaro de acero de Aerovías Reforma se estrellaba e incendiaba, muriendo en el instante don Silvestre García Suazo, una de sus hijas, que ese día sería coronada reina de belleza de Huetamo, y también un coyuquense, asunto que llenó de luto a la región, pero también se accidentaron en otros accidentes, los hermanos Soto Yánez, quienes al desplomarse sobre el Lago de Texcoco, apenas si lograron sobrevivir para contar sus hazañas, mientras que don Paco Ayllón se desplomaba en una aeronave que tras despegar de Huetamo fue a caer a Huitzilac, muy cerca del sitio donde fuera sacrificado el general Serrano en al año de 1940.
En los años sesentas, el control aéreo regional estaba en manos del capitán Anaya, quien llevaba y traía en su nave a la guapísima Fany Cano, a don Manuel Ugarte Millán, empresario del cine Tropical, y después Tariácuri que volaba semanalmente a México para traer los rollos de las películas para su empresa que tenía en sociedad con el licenciado Salvador Pineda, de tal forma que por muchos años, la película que se estrenaba en Huetamo, esa mismo noche era llevada a Zirándaro por Manuel Ugarte, y de regreso se traía la película que debería proyectarse en la función nocturna, solo después de que los Hermanos Mendoza interpretaran “La Malagueña”, sin embargo para esas fechas la estrella brillante de un piloto regional ya brillaba en lo alto, se trataba de José “Pepe” Galicia, quien al final se quedó con toda la plaza tierracalenteña, y todo mundo juraba y perjuraba que estaba loco.
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Pepe Galicia
Con las hazañas del popular Pepe Galicia se cerró una época de oro de los vuelos aéreos en Tierra Caliente, ya que sus extraordinarias dotes de piloto aviador, obtenidas en base a sus estudios en el Colegio del Aire de Zapopan, Jalisco, lo convirtieron en el rey, amo y señor de los cielos azules de la cuenca del Balsas, ya que aterrizaba donde se le diera la gana, y sobre la marcha realizaba locuras, como aquella de robarse en pleno vuelo a mi tía Teresa Ortuño, tras despegar de Tlalchapa en 1960, y con quien procreó una hija, Rosalba Galicia Ortuño, ya fallecida, al igual que el genial piloto, quien se daba el lujo de lavar las llantas de su avioneta al pasar por debajo de los puentes de Coyuca y Altamirano, y quien concediera a éste corresponsal la única entrevista de su vida, antes de morir en Uruapan, forrado de un cinturón repleto de centenarios, un reloj Rolex, varias cadenas y anillos de oro, dentadura de oro también, y significativas cartas de presidentes de México, gobernadores y empresarios que le agradecían sus valiosos servicios, el último de ellos Vicente Fox, sin embargo, Galicia, un personaje que traía encima de su cuerpo más de medio millón de pesos, todas las noches lo veíamos renegar en un puesto de tacos de Huetamo porque se le hacía caro que le cobraban tres pesos, ver para creer, al final de su vida, la fortuna quedó en manos de unos abusados empleados del hotel Capri, donde falleció en septiembre del año del 2006, y así fue como acabó sus días el Barón Rojo de Tierra Caliente.

lunes, 15 de junio de 2009

95 Años del sitio de Huetamo, Michoacán.

Otra pincelada más de historia calentana, gracias a las notas del despertar del sur...
-En 1914 se enfrentan los generales José Rentería y Cipriano Jaimes a Cheque Peña, que había tomado la ciudad.
-El enfrentamiento a balazos duró una semana; la sangre daba al tobillo, recordaba anciana de Chumbítaro.


José Rentería Luviano, liberó a Huetamo del sitio.

HUETAMO, MICH. El día de ayer, domingo 14 de junio del año 2009, de manera puntual se cumplieron 95 años de que Huetamo se convirtiera en una ciudad mártir, tras ser sitiada y bañada en sangre a lo largo de una semana, al ritmo de la metralla que vomitaba muerte y desolación por todos sus barrios: Cahuaro, Alto, Dolores, Pirinda, El Cuinique, El Toreo, El Terrero, Loma Linda y el centro.
Claro, de esta negra experiencia, hubo un judas traidor que participó en la tragedia. Se llamaba Ezequiel Peña, quien primero había sido un recto militar sanluquense, pero terminó vencido por el brillo del dinero y la traición, y la inocente víctima fue Huetamo, y de esa forma, con promesas de poder y riqueza, luego de convertirse en un tránsfuga de la revolución, Peña, convencido por Huerta sacrifica la ciudad.
Peña, originario de San Lucas, lo tenía todo: parque, municiones, cañones, caballos, rifles, dinero, soldados y el control total desde tiempo atrás de la guarnición militar de Huetamo, mientras tanto el general huetamense José Rentería Luviano merodeaba cerca, y tras lograr un acuerdo con el jefe máximo de las fuerzas armadas de Tierra Caliente, Gertrudis G. Sánchez, se acordó que con un cañonazo lanzado de las faldas del cerro de Tomatlán la madrugada del 14 de junio de 1914 se buscaría rescatar la ciudad.
Todo estaba listo, y en los cuatro puntos cardinales de Huetamo se colocaron las fuerzas militares que atacarían al mismo tiempo a Peña, de tal forma, señala con lujo de detalles el general y escritor huetamense Jesús Millán Nava, quien desde su cargo de secretario particular de Rentería Luviano, al igual que el coronel Salvador Alcaraz, y el general Cipriano Jaimes, nacido en Pungarabato, se lanzarán con todo por rescatar la heroica plaza de Huetamo.
Millán Nava, de quien por estos días se reedita su libro “Historia de la Revolución Maderista en Guerrero y Michoacán”, recuerda en sus páginas el fragor de la batalla, los atrincheramientos en Cahuaro, Barrio Alto, Cutzio, en El Cuinique, así como el temerario intento del entonces incipiente militar, Joaquín Amaro, quien encima de su caballo y a galope tendido rompió el sitio y cruzó la ciudad en medio de una lluvia de balas, pero que no logró otra cosa que encender los ánimos de la soldadesca.
Otro significativo detalle de ese sitio sangriento, es lo que sucedía en el kiosco del pueblo, dado que Peña, en su afán de animar a sus soldados, ordenó al director de la banda del pueblo que entonara variados temas, sin importar que las balas silbaran fatalistas sobre las cabezas de los músicos y atravesaban los instrumentos musicales, mientras que alrededor la caballada militar daba rienda suelta a sus instintos, mientras que un personaje tartamudo dueño de una portentosa puntería tumbaba cristianos desde la torre mayor del templo.
Nadie sabe a ciencia cierta las bajas que de un lado y otro dejó el sitio de Huetamo, pero se habla de miles de muertos, al grado que gentes longevas que vivieron esa epopeya recuerdan que los marranos salían de los arroyos con pedazos de pierna, brazos, manos e intestinos, en tanto que una anciana que logró superar la edad de los 100, nos comentó en Chumbítaro que hubo momentos en que “la sangre daba al tobillo”.
Varias víctimas de ese cruento sitio militar fueron los comerciantes extranjeros que vivían en la ciudad, que fueron utilizados por Cheque Peña como escudo humano en su espectacular huída rumbo a Tejupilco, y que tras lograr su objetivo, en aquella población del estado de México sería muerto por la propia gente que se llevó de Huetamo.
De esa forma, la crónica local recuerda ese suceso que enlutó a una ciudad y la marcó para siempre, aunque la historia, a veces cruel, hoy olvida el nombre de su máximo, militar, José Rentería Luviano, quien antes de caer prisionero en la Ciudad de México en 1925, decidió arrancarse la vida, mientras que poco tiempo después, sucede lo mismo con Cipriano Jaimes, el orgullo militar de Pungarabato, asesinado en Zitácuaro, también en forma extraña.
Por fortuna, para los grandes personajes de Tierra Caliente, el Sexto Coloquio de Cronistas y Escritores organizado por la Unidad Profesional (Unip) del Balsas, recordó a muchos de esos personajes que lucharon en la revolución de Guerrero y Michoacán, y tal como lo señaló allí un ponente: la raya de agua no puede impedir que seamos hermanos, de raza, de sangre y de cultura.
Fuente:
Despertardelsur.com