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miércoles, 11 de junio de 2014

Cerros de Tierra Caliente, Michoacán.

Ahora viajando por mi bello Michoacán nos encontramos de Zitácuaro hacia Huetamo este bello paisaje, el lugar conocido como: “La  cuesta del venado” en Tiquicheo, sin duda una hermosa vista pero a la vez peligrosa ya que ha causado tragedias en tiempo de lluvias con el desgaje de algunas partes, inclusive llegando a bloquear la carretera.

La cuesta del venado en los municipios de Tuzantla y Tiquicheo..


Información agregada el 14/06/2014

Cerro de “Los Picachos” en el municipio de Tuzantla, Michoacán. Foto tomada desde la carretera que va para Zirúcuaro.

Cerros de Las Juntas de Chapacarícuaro en el municipio de Carácuaro, Michoacán.

El "Cerro del Tigre" famoso por las peregrinaciones que se hacían para pedir la lluvia cuando se atrasaba el temporal. Carácuaro, Michoacán.

El cerro de Dolores y la cara de cristo en Huetamo, Michoacán.

viernes, 26 de agosto de 2011

Sobre los cielos azules de Tierra Caliente

Escrito por Ángel Ramírez Ortuño
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HUETAMO, MICH. En fecha reciente don Francisco Ayllón Luviano recordaba el festejo de sus bodas de oro con doña Estelita González, y un año antes también recordaba su cincuentenario de bodas don Fernando Cano Ochoa con doña María Antonia Ochoa, y en ambos casos la luna de miel empezó con un temerario vuelo en viejos aviones comerciales que prestaban sus servicios en la región de Tierra Caliente, y en la memoria de don Paco y don Fernando, las anécdotas sobre sucesos acontecidos sobre los cielos de Tierra Caliente son conmovedores, ya que van desde lo humorístico hasta lo trágico, donde varias vidas humanas de paisanos pagaron el tributo de utilizar ese medio de comunicación aéreo, en virtud de que no llegaban aún las carreteras, y solo quedaba irse con los arrieros en burro, bajar en barcos de madera por el Balsas o treparse a un avión con Sarabia, Panini, el capitán Anaya o el más intrépido y loco de todos ellos, el inmortal José Pepe Galicia.
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Desconocido estruendo
Y vaya que hay bastante material de donde cortar, desde que en Huetamo, como presagio de que algo raro pasaba sobre el cielo de Huetamo, de pronto un desconocido estruendo se escuchó debajo de las casas de teja y adobe de Huetamo, y en efecto, se trataba del primer avión que llegaba a éste pueblo escondido en las surianidades de Michoacán, junto al espejo de la serpiente plateada del Balsas, una excelente guía para pilotos extraviados, y enfrente el maravilloso Cerro de Dolores, con un rostro de Jesucristo esculpido sobre un enorme risco, y aunque usted no lo crea, por la madre naturaleza, por eso, cuando se asomó aquel avión tripulado por Mr. Fox y con José Rentería Luviano de copiloto, el pueblo corrió despavorido al templo a buscar refugio espiritual, mientras otros se metieron a la troja, debajo del tapanco y en los pozos de reata, la cosa era salvarse.
Aquella aeronave sacó de quicio al pueblo, sin que se lo propusiera la tripulación, sin embargo el mayor problema era donde diablos aterrizar, ya que Huetamo no contaba con un “patio” de avión, y aconsejado por el general Rentería, el piloto gringo enfiló su nave rumbo a Llano Grande, más allá de Tomatlán, y como pudo Fox realizó un aterrizaje forzoso que terminó con la nave averiada y con las aspas destruidas, pero los viajeros no sufrieron daño alguno, se comenta que era el año de 1921, sin precisarse la fecha, y que la persona responsable de reparar la nave fue el genio creador de don J. Trinidad Ugarte, quien sin que nadie lo pueda explicar, dotó de nuevas aspas construidas de alguna finísima madera de la región, y superó los problemas mecánicos, de tal modo que esa primera aeronave que sobrevoló Huetamo y aterrizó, logró regresar a sus hangares.
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Vuelo especial
Para finales de 1930, un atrabancado estudiante de contaduría, descendiente de la familia libanesa radicada en Huetamo de los Abraham Salgado, de nombre Juan, lograba hacer amistad con el afamado piloto comercial, Francisco Sarabia, un piloto norteño sobrado de valor y de inteligencia, que aceptó traer en vuelo especial hasta Huetamo a aquel joven de 18 años, y de esa forma se forjó una sólida amistad que hermanó al inmortal piloto Sarabia con Huetamo, y desde entonces incluyó a este pueblo en su ruta de vuelos comerciales, al grado de que logró convencer a su amigo Juan para que se comprara una avioneta, y de esa forma volara por su cuenta y de paso le entrara al negocio aeronáutico regional, y fue así como un día llegó volando a Huetamo Juan Abraham Salgado a bordo de la legendaria avioneta “La Mojarrita”, sin embargo, años después, Sarabia, al realizar el primer vuelo sin escalas entre México y New York, lograba su grandiosa hazaña, pero de regreso, lo invitaron para asistiera a la Casa Blanca, y al sobrevolar el río Potomac, junto al capitolio de Washington explotó el avión y ahí perdió la vida ese personaje que hoy es considerado como un héroe de la aviación mexicana.
Años más tarde, la pericia de Juan Abraham lo había hecho también famoso, y sobrevolaba los cielos de Huetamo rumbo a Morelia, a Zitácuaro, Zihuatanejo, Pungarabato y México, y lo mismo llevaba pasaje, que de regreso traía carga, ya fueran mercancías encargadas para surtir la tienda La Ciudad de Londres, que un cargamento de plantas de coco para su santuario ecológico del rancho de Tomatlán, donde aconsejado por el Gral. Cárdenas formó un paraíso tropical, sin embargo, también le daba por volar rumbo a Turitzio, donde desde el aire aventaba molotes de ropa sobre el corral de los toros para que su padre don Julián Abraham se mudara de ropa, y siguiera trabajando en el campo donde 60 juntas abrían los surcos para sembrar ajonjolí, el apreciado “tesoro verde” que permitió amasar cuantiosas fortunas a los inversionistas, y más allá, sobrevolaba Zirándaro donde iba a visitar a su prenda amada, doña Lupita Bermúdez, con quien se casaría y procrearía una hermosa familia.
Por los tiempos de los años cuarentas, una lucha fratricida entre simpatizantes políticos de Juan Andrew Almazán y Manuel Ávila Camacho, llevaron a Huetamo a convertirse en un campo de guerra entre hermanos de Zirándaro y Huetamo, de tal forma que sin remedio se enfrenaron ambos bandos y varios cuerpos quedaron inertes sobre el jardín de Huetamo, y tal como lo comenta don Paco Ayllón, quien apenas era un niño, fue testigo presencial de la masacre, y como el cabecilla principal rebelde de los almazanista era de Zirándaro, el gobierno federal no se tentó el corazón para enviar escuadrillas de aviones que lo buscaron por todos lados, sin embargo no lograron dar nunca con Efraín Pineda, que así se llamaba el valeroso zirandarense que se rebeló ante Cárdenas, pero que tiempo después, y con los aviones sobre Tierra Caliente, se logró un pacto de paz y se acabó el borlote, pero en Zirándaro había quedado muerto don Ángel Pineda y varios soldados compañeros de armas de Guerrero.
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Surgen aeropuertos
Para los años cincuentas, el servicio aéreo se multiplicó en Tierra Caliente, y sobre vejestorios aeronáuticos que había dejado la Segunda Guerra Mundial, el famoso Panini iba y venía de México a Huetamo, y a cualquier punto de la región del Balsas donde hubiera un pasajero, y surgieron los aeropuertos de Cutzio, en Huetamo, y el aterrizaje, allá en Arcelia, mientras que al pie del cerro de Chuperio se extendía la pista de Pungarabato, donde un buen día, para sorpresa general, de pronto apareció un gigantesco avión que se salió de su ruta comercial, en viaje de Colima a México y de pronto vio un claro y una pista , era la de Altamirano, y sobre ella realizó un aterrizaje de emergencia aquel avión repleto de periodistas y otras personalidades, entre ellos venía el jovencito, Jacobo Zabludowsky, quien cada vez que se acuerda de esa experiencia, señala que volvió a nacer en Tierra Caliente.
De las tragedias que enlutaron a la región, recuerda don Paco Ayllón, don Fernando Cano y don Antonio Callado, fue aquella en la que por 1948, tras despegar del aeropuerto de Balbuena en el Distrito Federal un avión comercial con destino a Huetamo, por desconocidas razones no logró superar el Pico del Fraile, en las inmediaciones de Naucalpan, y aquel pájaro de acero de Aerovías Reforma se estrellaba e incendiaba, muriendo en el instante don Silvestre García Suazo, una de sus hijas, que ese día sería coronada reina de belleza de Huetamo, y también un coyuquense, asunto que llenó de luto a la región, pero también se accidentaron en otros accidentes, los hermanos Soto Yánez, quienes al desplomarse sobre el Lago de Texcoco, apenas si lograron sobrevivir para contar sus hazañas, mientras que don Paco Ayllón se desplomaba en una aeronave que tras despegar de Huetamo fue a caer a Huitzilac, muy cerca del sitio donde fuera sacrificado el general Serrano en al año de 1940.
En los años sesentas, el control aéreo regional estaba en manos del capitán Anaya, quien llevaba y traía en su nave a la guapísima Fany Cano, a don Manuel Ugarte Millán, empresario del cine Tropical, y después Tariácuri que volaba semanalmente a México para traer los rollos de las películas para su empresa que tenía en sociedad con el licenciado Salvador Pineda, de tal forma que por muchos años, la película que se estrenaba en Huetamo, esa mismo noche era llevada a Zirándaro por Manuel Ugarte, y de regreso se traía la película que debería proyectarse en la función nocturna, solo después de que los Hermanos Mendoza interpretaran “La Malagueña”, sin embargo para esas fechas la estrella brillante de un piloto regional ya brillaba en lo alto, se trataba de José “Pepe” Galicia, quien al final se quedó con toda la plaza tierracalenteña, y todo mundo juraba y perjuraba que estaba loco.
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Pepe Galicia
Con las hazañas del popular Pepe Galicia se cerró una época de oro de los vuelos aéreos en Tierra Caliente, ya que sus extraordinarias dotes de piloto aviador, obtenidas en base a sus estudios en el Colegio del Aire de Zapopan, Jalisco, lo convirtieron en el rey, amo y señor de los cielos azules de la cuenca del Balsas, ya que aterrizaba donde se le diera la gana, y sobre la marcha realizaba locuras, como aquella de robarse en pleno vuelo a mi tía Teresa Ortuño, tras despegar de Tlalchapa en 1960, y con quien procreó una hija, Rosalba Galicia Ortuño, ya fallecida, al igual que el genial piloto, quien se daba el lujo de lavar las llantas de su avioneta al pasar por debajo de los puentes de Coyuca y Altamirano, y quien concediera a éste corresponsal la única entrevista de su vida, antes de morir en Uruapan, forrado de un cinturón repleto de centenarios, un reloj Rolex, varias cadenas y anillos de oro, dentadura de oro también, y significativas cartas de presidentes de México, gobernadores y empresarios que le agradecían sus valiosos servicios, el último de ellos Vicente Fox, sin embargo, Galicia, un personaje que traía encima de su cuerpo más de medio millón de pesos, todas las noches lo veíamos renegar en un puesto de tacos de Huetamo porque se le hacía caro que le cobraban tres pesos, ver para creer, al final de su vida, la fortuna quedó en manos de unos abusados empleados del hotel Capri, donde falleció en septiembre del año del 2006, y así fue como acabó sus días el Barón Rojo de Tierra Caliente.

lunes, 1 de agosto de 2011

Huetamo, Michoacán y su Cerro de Dolores.

LA RAZA DE HUETAMO MICHOACÁN Y EL CERRO DE DOLORES


Que tal paisanos de tierra caliente, regresando de nuevo por estos rumbos ahora con la raza de Huetamo, gente acogedora, trabajadora y valiente. Huetamo, pueblo donde habitan unas mujeres de extraordinaria belleza, no por nada ganan el titulo SEÑORITA TIERRA CALIENTE! Mujeres hermosas en verdad. Como todo pueblo de nuestra región, el calorcito en la cuaresma se deja venir con todo, como se antoja estar bañando en Quenchendio todo el día!

Huetamo tierra del "Profe Cruz", el "Chuchin" Castillo , Martin Urieta y mas gente importante es sin duda, uno de los lugares más pintorescos de la Tierra Caliente de Michoacan.

El cerro de Dolores por otra parte es el mas grande del municipio, y además se dice que existe en una parte de su formación la cara de cristo, la verdad no le he encontrado forma pero, pues si ustedes pueden, adelante-!!!!

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Anciano Calentano con la mirada triste

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Disfrutando del calorcito...

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Ama de casa calentana en busca del mandado para el hogar, lleva típico mandil y reboso...

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Calentanos que bajan de las rancherias a surtirse de viveres para la semana, esta toma es en la central de autobuses de San Juan Huetamo...

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Como han pasado los años abuelito!!!

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Otra imagen mas del Cerro de Dolores....


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Fotos del Cerro de Dolores, Huetamo Michoacan.

Mexiquito: Depredada ciudad prehispánica en el Río Balsas


Panorámica de Mexiquito al pie del  Rio Balsas

ÁNGEL RAMÍREZ ORTUÑO/
LUIS CRISTOBAL RAMÌREZ
HUETAMO, MICH. Tras la reciente hazaña de trepar las cumbres del imponente cerro de Dolores en Semana Santa, ahora la el nuevo reto fue visitar unas legendarias fortificaciones de roca, donde siglos atrás se levantó una enorme ciudad con yácatas, muros militares, adoratorios y cementerios, todo ello sobre una esplendida curva del río Balsas donde aún se mantienen asombrosos vestigios de ese asentamiento humano llamado Mexiquito.

Ubicado frente al municipio de Huetamo, entre Santa Rita y Santiago Conguripo pero en suelo guerrerense, historiadores e investigadores, como Pedro Hendrichs y Pedro Armillas, que visitaron esa hoy depredada ciudad prehispánica, no lograron descifrar en 1944 si se trataba de una población purépecha, azteca o quizá maya.

En pleno siglo XXI, la duda queda, pero sobre el camino y con la intención de cruzar el Balsas con alguna seguridad, conseguimos una especie de salvoconducto con el doctor Flores, de Comburindio, quien solicitó al encargado del Orden de Santa Rita apoyarnos en el cruce interestatal, asunto que se nos concedió de inmediato.
Luego arribamos al restaurante “The Bagres”, de Santa Rita, y desde ese punto seguir la ruta en una lancha de goma inflable rumbo a Mexiquito.

De esa forma inesperada, y como marineros de agua dulce, con el periodista Sergio Benítez en los remos, Luis Cristóbal Ramírez con los equipos fotográficos y este reportero en calidad de guía, dejamos que nos llevaran las corrientes un kilómetro abajo, sin embargo, a medio río la embarcación empezó por hacer agua y como pudimos  tocamos suelo guerrerense, y ahora sí, a huarachazo limpio penetramos al fantástico sitio llamado Mexiquito.

De entrada, una fortificación pétrea nos dio la bienvenida sobre la antesala del sitio prehispánico, hoy cubierto de tuberías meloneras, potreros con ganado, mil y un boquetes de aventureros en busca de piezas arqueológicas, y sobre las riberas varios pescadores furtivos en busca de mojarras que con tarrayas atrapan  sobre ambas riberas.

Hablar de Mexiquito es complicado, dado que antes del mes de octubre de 1976 permanecía como un sitio inmaculado, preñado de historias, de tumbas, ofrendas, maravillosos promontorios, pero tras una enorme crecida del Balsas de aquel año, y tras salirse el río de madre, sus aguas, sin imaginarse el tremendo daño que causarían, pusieron al descubierto tumbas que con la humedad mostraron a flor de tierra tesoros funerarios a granel.

Un ya extinto tío, don Clemente Pérez, por casualidad se topó con ese misterio guardado por siglos, y sólo le llamó la atención ver tantos hoyancos paralelos al borde del río, y tras bajarse de su caballo en 1967, rascó la tierra y no encontró nada, se fue a su natal Ciriquicho, sin darse cuenta que había dejado el chicote de su caballo, y eso lo obligó regresar días después, y ahora sí, la tierra se había resumido y un enorme cementerio quedaba al descubierto.
Sin malicia, don Clemente corrió la voz, y por desgracia en cuestión de días un enjambre humano arrasaba con tumbas militares, religiosas, con tumbas de la servidumbre de los monarcas, y era increíble ver cómo aparecían pectorales, lanzas, collares, diademas, metates, huesos, vasijas y todo tipo de accesorios que utilizaban los servidores del rey, quien al morir se iban con él al sueño eterno, según cuentan las crónicas.
Para el año de 1984, este reportero visitó ese sitio, y la verdad era lastimoso ver cómo se había convertido Mexiquito en una especie de queso gruyere, y así se fueron de manera furtiva cientos de piezas arqueológicas que hoy adornan museos nacionales y extranjeros, y aquella impresión me llevó a escribir un reportaje en la revista Jueves de Excelsior, que causó polémica en su tiempo, y ahora, 25 años  después, a petición del amigo Benítez, regresamos a Mexiquito.

Por desgracia, en el año del 2009, la depredación, lejos de concluir, se mantiene activa, sin que media ley alguna, y los boquetes dejan entrever que los saqueos son de tumbas,  en lo más alto de los miradores, sobre las laderas, al pie del río, en fin, pero a diferencia del 2009, ahora logramos ver asentamientos sobre las bordos del río, como un tipo de lavatorios antiguos, los que tras mermar las corrientes quedan a simple vista.

Ante  ese cuadro tan desolador, nada se puede hacer por nuestra parte, dado que esa bella ciudad imperial, según se manifiesta su grandeza, queda en suelo guerrerense, y le corresponde al municipio de Zirándaro de los Chávez meter orden, y más allá al INAH Guerrero, mientras tanto, el misterioso sitio se mantiene firme entre sus removidas rocas, en espera de que algún investigador vaya a estudiar el origen de su pasado.

De regreso, de nuevo al río, rumbo a Michoacán, cansados hasta la madre, pero tras un refrescante baño, tras pisar suelo michoacano, remontamos río arriba hasta el restaurante “The Bagres”, de Santa Rita, y ahí fuimos bien atendidos por personal del amigo Cuitláhuac Santos Sierra, ex alcalde de Huetamo y dueño de ese lugar desde donde se observa el promontorio de Mexiquito, tierra de todos y de nadie.

Y claro, queda abierta la invitación a los lectores para que visiten ese sitio, pero con el mero interés de conocerlo, mas no de saquearlo.


FUENTE: DESPERTAR DEL SUR

lunes, 20 de abril de 2009

Mexiquito: Depredada ciudad prehispánica en el Río Balsas.

Otro interesante reportaje en el corazón del Rio Balsas!

Panorámica de Mexiquito al pie del Rio Balsas.

ÁNGEL RAMÍREZ ORTUÑO/
LUIS CRISTOBAL RAMÌREZ
HUETAMO, MICH. Tras la reciente hazaña de trepar las cumbres del imponente cerro de Dolores en Semana Santa, ahora la el nuevo reto fue visitar unas legendarias fortificaciones de roca, donde siglos atrás se levantó una enorme ciudad con yácatas, muros militares, adoratorios y cementerios, todo ello sobre una esplendida curva del río Balsas donde aún se mantienen asombrosos vestigios de ese asentamiento humano llamado Mexiquito.
Ubicado frente al municipio de Huetamo, entre Santa Rita y Santiago Conguripo pero en suelo guerrerense, historiadores e investigadores, como Pedro Hendrichs y Pedro Armillas, que visitaron esa hoy depredada ciudad prehispánica, no lograron descifrar en 1944 si se trataba de una población purépecha, azteca o quizá maya.
En pleno siglo XXI, la duda queda, pero sobre el camino y con la intención de cruzar el Balsas con alguna seguridad, conseguimos una especie de salvoconducto con el doctor Flores, de Comburindio, quien solicitó al encargado del Orden de Santa Rita apoyarnos en el cruce interestatal, asunto que se nos concedió de inmediato.
Luego arribamos al restaurante “The Bagres”, de Santa Rita, y desde ese punto seguir la ruta en una lancha de goma inflable rumbo a Mexiquito.
De esa forma inesperada, y como marineros de agua dulce, con el periodista Sergio Benítez en los remos, Luis Cristóbal Ramírez con los equipos fotográficos y este reportero en calidad de guía, dejamos que nos llevaran las corrientes un kilómetro abajo, sin embargo, a medio río la embarcación empezó por hacer agua y como pudimos tocamos suelo guerrerense, y ahora sí, a huarachazo limpio penetramos al fantástico sitio llamado Mexiquito.
De entrada, una fortificación pétrea nos dio la bienvenida sobre la antesala del sitio prehispánico, hoy cubierto de tuberías meloneras, potreros con ganado, mil y un boquetes de aventureros en busca de piezas arqueológicas, y sobre las riberas varios pescadores furtivos en busca de mojarras que con tarrayas atrapan sobre ambas riberas.
Hablar de Mexiquito es complicado, dado que antes del mes de octubre de 1976 permanecía como un sitio inmaculado, preñado de historias, de tumbas, ofrendas, maravillosos promontorios, pero tras una enorme crecida del Balsas de aquel año, y tras salirse el río de madre, sus aguas, sin imaginarse el tremendo daño que causarían, pusieron al descubierto tumbas que con la humedad mostraron a flor de tierra tesoros funerarios a granel.
Un ya extinto tío, don Clemente Pérez, por casualidad se topó con ese misterio guardado por siglos, y sólo le llamó la atención ver tantos hoyancos paralelos al borde del río, y tras bajarse de su caballo en 1967, rascó la tierra y no encontró nada, se fue a su natal Ciriquicho, sin darse cuenta que había dejado el chicote de su caballo, y eso lo obligó regresar días después, y ahora sí, la tierra se había resumido y un enorme cementerio quedaba al descubierto.
Sin malicia, don Clemente corrió la voz, y por desgracia en cuestión de días un enjambre humano arrasaba con tumbas militares, religiosas, con tumbas de la servidumbre de los monarcas, y era increíble ver cómo aparecían pectorales, lanzas, collares, diademas, metates, huesos, vasijas y todo tipo de accesorios que utilizaban los servidores del rey, quien al morir se iban con él al sueño eterno, según cuentan las crónicas.
Para el año de 1984, este reportero visitó ese sitio, y la verdad era lastimoso ver cómo se había convertido Mexiquito en una especie de queso gruyere, y así se fueron de manera furtiva cientos de piezas arqueológicas que hoy adornan museos nacionales y extranjeros, y aquella impresión me llevó a escribir un reportaje en la revista Jueves de Excelsior, que causó polémica en su tiempo, y ahora, 25 años después, a petición del amigo Benítez, regresamos a Mexiquito.
Por desgracia, en el año del 2009, la depredación, lejos de concluir, se mantiene activa, sin que media ley alguna, y los boquetes dejan entrever que los saqueos son de tumbas, en lo más alto de los miradores, sobre las laderas, al pie del río, en fin, pero a diferencia del 2009, ahora logramos ver asentamientos sobre las bordos del río, como un tipo de lavatorios antiguos, los que tras mermar las corrientes quedan a simple vista.
Ante ese cuadro tan desolador, nada se puede hacer por nuestra parte, dado que esa bella ciudad imperial, según se manifiesta su grandeza, queda en suelo guerrerense, y le corresponde al municipio de Zirándaro de los Chávez meter orden, y más allá al INAH Guerrero, mientras tanto, el misterioso sitio se mantiene firme entre sus removidas rocas, en espera de que algún investigador vaya a estudiar el origen de su pasado.
De regreso, de nuevo al río, rumbo a Michoacán, cansados hasta la madre, pero tras un refrescante baño, tras pisar suelo michoacano, remontamos río arriba hasta el restaurante “The Bagres”, de Santa Rita, y ahí fuimos bien atendidos por personal del amigo Cuitláhuac Santos Sierra, ex alcalde de Huetamo y dueño de ese lugar desde donde se observa el promontorio de Mexiquito, tierra de todos y de nadie.
Y claro, queda abierta la invitación a los lectores para que visiten ese sitio, pero con el mero interés de conocerlo, mas no de saquearlo.
Fuente: Despertardelsur.com