lunes, 1 de agosto de 2011

Mexiquito: Depredada ciudad prehispánica en el Río Balsas


Panorámica de Mexiquito al pie del  Rio Balsas

ÁNGEL RAMÍREZ ORTUÑO/
LUIS CRISTOBAL RAMÌREZ
HUETAMO, MICH. Tras la reciente hazaña de trepar las cumbres del imponente cerro de Dolores en Semana Santa, ahora la el nuevo reto fue visitar unas legendarias fortificaciones de roca, donde siglos atrás se levantó una enorme ciudad con yácatas, muros militares, adoratorios y cementerios, todo ello sobre una esplendida curva del río Balsas donde aún se mantienen asombrosos vestigios de ese asentamiento humano llamado Mexiquito.

Ubicado frente al municipio de Huetamo, entre Santa Rita y Santiago Conguripo pero en suelo guerrerense, historiadores e investigadores, como Pedro Hendrichs y Pedro Armillas, que visitaron esa hoy depredada ciudad prehispánica, no lograron descifrar en 1944 si se trataba de una población purépecha, azteca o quizá maya.

En pleno siglo XXI, la duda queda, pero sobre el camino y con la intención de cruzar el Balsas con alguna seguridad, conseguimos una especie de salvoconducto con el doctor Flores, de Comburindio, quien solicitó al encargado del Orden de Santa Rita apoyarnos en el cruce interestatal, asunto que se nos concedió de inmediato.
Luego arribamos al restaurante “The Bagres”, de Santa Rita, y desde ese punto seguir la ruta en una lancha de goma inflable rumbo a Mexiquito.

De esa forma inesperada, y como marineros de agua dulce, con el periodista Sergio Benítez en los remos, Luis Cristóbal Ramírez con los equipos fotográficos y este reportero en calidad de guía, dejamos que nos llevaran las corrientes un kilómetro abajo, sin embargo, a medio río la embarcación empezó por hacer agua y como pudimos  tocamos suelo guerrerense, y ahora sí, a huarachazo limpio penetramos al fantástico sitio llamado Mexiquito.

De entrada, una fortificación pétrea nos dio la bienvenida sobre la antesala del sitio prehispánico, hoy cubierto de tuberías meloneras, potreros con ganado, mil y un boquetes de aventureros en busca de piezas arqueológicas, y sobre las riberas varios pescadores furtivos en busca de mojarras que con tarrayas atrapan  sobre ambas riberas.

Hablar de Mexiquito es complicado, dado que antes del mes de octubre de 1976 permanecía como un sitio inmaculado, preñado de historias, de tumbas, ofrendas, maravillosos promontorios, pero tras una enorme crecida del Balsas de aquel año, y tras salirse el río de madre, sus aguas, sin imaginarse el tremendo daño que causarían, pusieron al descubierto tumbas que con la humedad mostraron a flor de tierra tesoros funerarios a granel.

Un ya extinto tío, don Clemente Pérez, por casualidad se topó con ese misterio guardado por siglos, y sólo le llamó la atención ver tantos hoyancos paralelos al borde del río, y tras bajarse de su caballo en 1967, rascó la tierra y no encontró nada, se fue a su natal Ciriquicho, sin darse cuenta que había dejado el chicote de su caballo, y eso lo obligó regresar días después, y ahora sí, la tierra se había resumido y un enorme cementerio quedaba al descubierto.
Sin malicia, don Clemente corrió la voz, y por desgracia en cuestión de días un enjambre humano arrasaba con tumbas militares, religiosas, con tumbas de la servidumbre de los monarcas, y era increíble ver cómo aparecían pectorales, lanzas, collares, diademas, metates, huesos, vasijas y todo tipo de accesorios que utilizaban los servidores del rey, quien al morir se iban con él al sueño eterno, según cuentan las crónicas.
Para el año de 1984, este reportero visitó ese sitio, y la verdad era lastimoso ver cómo se había convertido Mexiquito en una especie de queso gruyere, y así se fueron de manera furtiva cientos de piezas arqueológicas que hoy adornan museos nacionales y extranjeros, y aquella impresión me llevó a escribir un reportaje en la revista Jueves de Excelsior, que causó polémica en su tiempo, y ahora, 25 años  después, a petición del amigo Benítez, regresamos a Mexiquito.

Por desgracia, en el año del 2009, la depredación, lejos de concluir, se mantiene activa, sin que media ley alguna, y los boquetes dejan entrever que los saqueos son de tumbas,  en lo más alto de los miradores, sobre las laderas, al pie del río, en fin, pero a diferencia del 2009, ahora logramos ver asentamientos sobre las bordos del río, como un tipo de lavatorios antiguos, los que tras mermar las corrientes quedan a simple vista.

Ante  ese cuadro tan desolador, nada se puede hacer por nuestra parte, dado que esa bella ciudad imperial, según se manifiesta su grandeza, queda en suelo guerrerense, y le corresponde al municipio de Zirándaro de los Chávez meter orden, y más allá al INAH Guerrero, mientras tanto, el misterioso sitio se mantiene firme entre sus removidas rocas, en espera de que algún investigador vaya a estudiar el origen de su pasado.

De regreso, de nuevo al río, rumbo a Michoacán, cansados hasta la madre, pero tras un refrescante baño, tras pisar suelo michoacano, remontamos río arriba hasta el restaurante “The Bagres”, de Santa Rita, y ahí fuimos bien atendidos por personal del amigo Cuitláhuac Santos Sierra, ex alcalde de Huetamo y dueño de ese lugar desde donde se observa el promontorio de Mexiquito, tierra de todos y de nadie.

Y claro, queda abierta la invitación a los lectores para que visiten ese sitio, pero con el mero interés de conocerlo, mas no de saquearlo.


FUENTE: DESPERTAR DEL SUR

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Ubicación Geográfica de Tierra Caliente

Se ubica al noroeste del estado, colindando al norte con el estado de Michoacán y el estado de México, al noreste con el estado de Estado de México y la región Norte, Al noreste con el estado de Michoacán, al oeste con la región de la Costa Grande, al este con la región Norte y Centro y al sur con la región de la Costa Grande.

Es conocida como "la región regia" del Estado de Guerrero, debido a que la mayor parte de sus habitantes poseen rasgos de tipo europeo, abundantes en piel blanca y ojos claros. La mujeres "calentanas" son consideradas por muchos, como las más bellas del sur de México.

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