Los colores extendidos frente a la iglesia, las personas llegando poco a poco, la sombra buena de los árboles y el paisaje seco de nuestra tierra forman una escena que dice mucho sin necesidad de palabras. Es la estampa de una fiesta de pueblo, de esas que no se improvisan porque nacen de la costumbre, de la fe y del cariño que la gente le tiene a sus raíces.
San José Poliutla no solo celebró una fecha; celebró también la continuidad de su memoria. Porque cada 19 de marzo no es únicamente una festividad religiosa, sino también un reencuentro con lo que somos: comunidad, tradición, familia y pertenencia. Y en esa mezcla de devoción y convivencia, el pueblo vuelve a recordarse a sí mismo.

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